¿Te ha pasado alguna vez que alguien está de mal humor y, sin darte cuenta, terminas tú también sintiéndote mal?
Una persona te habla mal, te critica, está enfadada o transmite negatividad… y de repente tu paz desaparece.
Hoy quiero recordarte algo que puede cambiar completamente esta dinámica:
El estado de otra persona no tiene por qué convertirse en tu estado.
Tú naciste para brillar
Tú naciste para brillar.
No naciste para convertirte en la sombra de la amargura de nadie.
No tienes que apagar tu alegría porque otra persona haya apagado la suya.
No tienes que abandonar tu paz porque alguien haya perdido la suya.
Y tampoco tienes que cargar con emociones que no te pertenecen.
Cuando alguien está enfadado, frustrado o de mal humor, ese es su estado.
Puedes observarlo sin entrar en él.
¿Qué ocurre cuando entramos en el estado del otro?
Imagina que alguien está enfadado y te habla mal.
Puedes empezar a pensar:
“¿Por qué me habla así?”
“¿Qué he hecho yo?”
“¡Qué día más horrible!”
Y entonces ocurre algo curioso.
Esa persona estaba enfadada durante un momento… y ahora sois dos personas enfadadas.
Has permitido que su estado se convierta en el tuyo.
Y quizá esa sea una de las cosas que más nos roban energía sin que nos demos cuenta.
Elige tu propio estado
Esto no significa que tengas que fingir que todo está bien.
Tampoco significa que tengas que aceptar comportamientos que no quieres aceptar.
Significa algo mucho más poderoso:
“Tú puedes elegir qué haces con lo que ocurre delante de ti.“
Puedes observar.
Puedes respirar.
Puedes poner límites cuando sea necesario.
Y, sobre todo, puedes decidir que no vas a entregar tu paz a cualquier estado emocional que aparezca a tu alrededor.
Puedes decirte:
“Ese es su estado. Yo elijo el mío.”
Y volver a ti.
No permitas que te roben la alegría…
A veces creemos que para que alguien esté bien, nosotros también tenemos que estar mal.
Como si acompañar a una persona significara necesariamente hundirnos con ella.
Y no.
Puedes amar a alguien sin convertirte en su tristeza.
Puedes comprender a alguien sin vivir dentro de su enfado.
Puedes escuchar a alguien sin hacer suyo su estado emocional.
Y puedes seguir siendo feliz aunque alguien que tienes cerca no esté pasando por su mejor momento.
Eso también es amor propio.
Toma el timón de tu vida
Hoy quiero invitarte a recuperar el timón.
Cuando alguien intente arrastrarte a un estado que no quieres experimentar, haz una pausa.
Respira.
Y pregúntate:
“¿Voy a entrar en su estado o voy a seguir habitando el mío?”
Esa pregunta puede cambiarlo todo.
Porque cada vez que eliges no reaccionar automáticamente, estás recuperando tu poder.
Cada vez que eliges tu paz, estás diciéndote:
“Yo también importo.”
Un pequeño ejercicio para hoy
Durante el día, observa cómo cambia tu estado en función de las personas que tienes alrededor.
Si alguien está alegre y tú te alegras, perfecto.
Pero si alguien está enfadado y tú inmediatamente te enfadas también, observa ese momento.
No te juzgues.
Simplemente date cuenta.
Y repite:
“Yo no tengo que entrar en este estado. Yo elijo el mío.”
Después respira profundamente y vuelve a aquello que quieres sentir.
Puedes incluso repetir
“Yo soy inmensamente feliz porque la vida me ama.” 💜
Y sigue con tu día.
Tú naciste para brillar
No permitas que la amargura de otra persona se convierta en tu amargura.
No permitas que el mal humor de alguien apague tu alegría.
No permitas que una circunstancia momentánea decida quién vas a ser hoy.
Tú naciste para brillar.
Naciste para disfrutar.
Naciste para vivir.
Y puedes elegir tu estado una y otra vez.
Porque al final, una de las preguntas más poderosas que podemos hacernos es:
¿Qué estado elijo habitar ahora?
Yo lo tengo claro.
💜 Elijo vivir de maravilla.