¿Y si una de las formas más poderosas de acercarte a aquello que deseas fuera empezar a agradecerlo antes de verlo?
Estamos acostumbrados a agradecer cuando algo sucede.
Cuando llega el dinero.
Cuando conseguimos ese trabajo.
Cuando aparece esa persona.
Cuando recibimos una buena noticia.
Pero hoy quiero proponerte darle la vuelta.
¿Y si agradeces primero?
Agradecer desde la certeza
Cuando pedimos algo desde la carencia, nuestra atención está puesta en aquello que todavía no tenemos.
“Espero que llegue.”
“Quiero que ocurra.”
“¿Cuándo llegará?”
Sin darnos cuenta, seguimos mirando la realidad desde el lugar de quien está esperando.
Agradecer por adelantado es diferente.
Es cerrar los ojos y conectar durante unos instantes con la sensación de que aquello que deseas ya forma parte de tu vida.
No necesitas saber cómo va a suceder.
Simplemente puedes permitirte sentir la alegría de haberlo recibido.
Una enseñanza muy antigua
Esta idea no es nueva.
En el Evangelio encontramos una enseñanza relacionada con esta forma de confiar: creer que aquello que pedimos ya ha sido recibido.
Más allá de las interpretaciones religiosas, para mí hay una enseñanza muy poderosa en esa idea:
dejar de relacionarnos con nuestro deseo únicamente desde la espera y empezar a experimentarlo interiormente como posible y cercano.
Y ahí es donde la gratitud puede convertirse en una práctica transformadora.
Tu cuerpo puede experimentar la emoción antes
Cuando cierras los ojos y te imaginas viviendo aquello que deseas, puedes comenzar a experimentar emociones asociadas a esa experiencia aunque todavía no esté delante de tus ojos.
Puedes sentir alegría.
Puedes sentir alivio.
Puedes sentir gratitud.
Puedes sentir esa sensación maravillosa de:
“Ya está.”
Y cuanto más familiar se vuelve ese estado interior, más natural empieza a resultarte pensar, hablar y actuar desde él.
No necesitas fingir.
No necesitas convencer a nadie.
Simplemente estás entrenando tu atención para dejar de mirar únicamente aquello que falta.
Yo también lo he experimentado
Yo misma he utilizado muchas veces esta práctica.
Antes de conseguir algunas cosas que hoy forman parte de mi vida, empecé a agradecerlas por adelantado.
Me imaginaba teniéndolas.
Sentía la alegría.
Daba las gracias.
Y me permitía disfrutar interiormente de aquello que todavía no podía tocar con las manos.
Y cada vez comprendía algo más:
la gratitud no tiene por qué esperar a que ocurra algo para aparecer.
También puede ser una elección.
El pequeño ejercicio de hoy
Hoy quiero proponerte que elijas una cosa que deseas profundamente.
Puede ser algo relacionado con el dinero, el amor, el trabajo, tu hogar, un proyecto o cualquier experiencia que quieras vivir.
Después busca unos minutos de tranquilidad.
Cierra los ojos.
Respira profundamente.
E imagina que eso que deseas ya ha ocurrido.
No intentes descubrir cómo sucedió.
No te preocupes por el camino.
Simplemente disfruta de la sensación.
Y entonces di lentamente:
“Gracias porque esto ya es mío.”
“Gracias porque ya está en camino.”
“Gracias.”
Quédate unos instantes sintiendo esa gratitud.
Aunque solo sean unos segundos.
Deja de perseguir y empieza a habitar
Quizá la clave no está en pedir una y otra vez desde la sensación de que algo nos falta.
Quizá está en aprender a habitar interiormente el estado de quien ya se siente bien.
Desde ahí puedes seguir actuando, tomando decisiones y haciendo todo lo necesario en el mundo físico.
Pero ya no lo haces desde la desesperación.
Lo haces desde la certeza.
Y esa diferencia puede cambiar completamente tu experiencia.
Así que hoy prueba algo diferente.
No esperes a tener aquello que deseas para sentir gratitud.
Agradece antes.
Siente antes.
Disfruta antes.
Y recuerda:
🌿 Todo, todo, absolutamente todo conspira a tu favor.
Vivo de maravilla. 💜