¿Y si dentro de ti existiera un equipo capaz de ayudarte a transformar tu realidad?
Hoy quiero compartir contigo una enseñanza que me parece fascinante: dentro de nosotros podemos reconocer tres niveles de mente que trabajan juntos en el proceso de creación de nuestra experiencia.
La Madre, el Hijo y el Padre.
No necesitas buscarlos fuera.
Están dentro de ti. 🌿
La Madre: tu mente consciente
La Madre representa nuestra mente consciente.
Ella es la arquitecta.
Su función principal es elegir.
Cada día estás eligiendo qué pensamientos alimentar, qué historias creer y qué identidad asumir.
Y ahí reside un poder enorme.
Quizá no puedas controlar todo lo que ocurre a tu alrededor, pero sí puedes empezar a elegir desde qué lugar interior quieres vivir.
Si hoy eliges abundancia, paz, amor o libertad, esa elección se convierte en una nueva dirección para tu mente.
El Hijo: tu mente subconsciente
Después encontramos al Hijo, que representa nuestra mente subconsciente.
El subconsciente aprende mediante la repetición, los hábitos y aquello que aceptamos una y otra vez como verdadero.
Por eso nuestras palabras, pensamientos y emociones repetidas tienen tanta importancia.
Si constantemente repetimos:
“Esto no es para mí.”
“No tengo suficiente.”
“Siempre me pasa lo mismo.”
Estamos reforzando una determinada forma de interpretar nuestra realidad.
Pero también podemos elegir nuevas ideas.
Podemos comenzar a repetir:
“Soy abundante.”
“Estoy a salvo.”
“La vida está de mi parte.”
“Vivo de maravilla.”
No se trata solamente de decir palabras de manera automática.
Se trata de comenzar a familiarizarnos con una nueva identidad.
El Padre: el Supraconsciente
Y finalmente encontramos al Padre, que representa el Supraconsciente.
En esta enseñanza, el Padre simboliza ese poder creador que está más allá de nuestra mente consciente y que puede abrir caminos que todavía no somos capaces de ver.
La idea que me fascina es que no necesitamos saber exactamente cómo va a ocurrir aquello que deseamos.
Nuestra función es elegir.
Después, mediante la repetición y la aceptación de esa nueva identidad, permitimos que nuestro mundo interior vaya cambiando.
¿Qué estás ordenando hoy?
Aquí está la parte que considero más importante.
Observa durante un día entero qué estás diciendo.
¿Qué estás repitiendo?
¿De qué hablas cuando nadie te está escuchando?
¿Hablas constantemente de lo que te falta?
¿O hablas de aquello que estás eligiendo crear?
Porque aquello a lo que prestas atención se convierte en una dirección para tu mente.
Tu palabra es tu elección
No necesitas negar lo que estás viendo.
Simplemente puedes dejar de convertirlo en una profecía.
Puedes observar una circunstancia y decir:
“Esto es lo que estoy viendo ahora. No significa que tenga que ser mi futuro.”
Y entonces volver a elegir.
Volver a tu identidad.
Volver a aquello que quieres experimentar.
Una práctica para hoy
Hoy quiero proponerte algo muy sencillo.
Cada vez que te descubras hablando desde la carencia, detente.
Respira.
Y cambia la frase.
En lugar de:
“No tengo suficiente.”
Prueba:
“Estoy aprendiendo a vivir desde la abundancia.”
En lugar de:
“Esto nunca cambia.”
Prueba:
“Mi realidad puede cambiar.”
Y si quieres hacerlo todavía más sencillo, repite conmigo:
“Yo soy feliz. Yo soy rico. Mi palabra es ley y mi universo me obedece.”
No se trata de luchar contra tu realidad.
Se trata de recordar quién quieres ser mientras la estás creando.
Porque quizá el verdadero poder no está en intentar controlar el mundo exterior.
Quizá está en convertirte en la persona que ya vive desde aquello que desea experimentar.
Y desde ahí…
vivo de maravilla. 💜