¿Cuántas veces has sentido que un pensamiento negativo aparecía sin pedir permiso y, casi sin darte cuenta, acababas sintiéndote peor?
La buena noticia es que no estás obligad@ a seguir ese pensamiento hasta el final.
Puedes detenerlo.
Puedes elegir otro.
Puedes volver a tomar el mando.
Nuestra mente es maravillosa, pero si no aprendemos a dirigirla, funciona como un caballo desbocado que corre hacia donde quiere. Y cuanto más seguimos un pensamiento de miedo, preocupación o tristeza, más fuerza le damos.
Por eso es tan importante desarrollar un nuevo hábito.
Cada vez que te descubras pensando algo que no deseas experimentar, interrúmpelo de inmediato.
Puedes utilizar una palabra como hacía el Dr. Joe Dispenza después del accidente que cambió su vida. Él decía con firmeza:
“¡CAMBIA!”
También puedes decir:
“Cancelo este pensamiento.”
O simplemente sustituirlo por el pensamiento opuesto.
Si aparece el pensamiento:
“No voy a poder.”
Puedes responder:
“Claro que puedo. Siempre encuentro la manera.”
Si surge:
“Todo me sale mal.”
Cámbialo por:
“Cada día las cosas salen mejor para mí.”
No se trata de engañarte.
Se trata de entrenar tu atención para que deje de alimentar aquello que no quieres vivir y empiece a fortalecer aquello que sí deseas experimentar.
Y si en ese momento te cuesta cambiar el pensamiento, cambia de actividad.
Pon música que te inspire.
Sal a caminar.
Respira profundamente.
Recuerda un momento feliz.
Lee unas páginas de un buen libro.
Haz ejercicio.
Lo importante es romper el impulso automático antes de que el pensamiento tome el control.
Con práctica, descubrirás algo extraordinario: cada vez te resultará más fácil dirigir tu mente hacia donde tú eliges.
Y cuando tú diriges tus pensamientos, también diriges tus emociones.
Y cuando diriges tus emociones… empiezas a dirigir tu vida.
La verdadera libertad comienza el día en que comprendes que no tienes que creer todo lo que pasa por tu mente.
Porque quien debe estar al mando no es tu pensamiento.
Eres tú. 🌿