Anoche viví una experiencia muy curiosa que me hizo reflexionar profundamente.
Estaba cenando tranquilamente en el patio de casa mientras mi gata Minina paseaba por allí, como hace siempre.
De pronto dejé de verla.


Me levanté y empecé a llamarla.
—Minina… Minina…
Mientras caminaba, mi atención estaba completamente enfocada en encontrarla. Mi mente buscaba la silueta de mi gata entre los árboles y los muebles del jardín.


Entonces ocurrió algo sorprendente.
A lo lejos vi claramente a Minina sentada junto a la puerta de entrada.
Me acerqué convencida de que era ella…
Pero cuando llegué descubrí que no había ninguna gata.
Era simplemente la pata de una silla.


Sonreí al darme cuenta de lo que acababa de ocurrir.
Mi cerebro esperaba encontrar a Minina y, durante unos instantes, interpretó la realidad según esa expectativa.
Aquello me hizo pensar que probablemente hacemos lo mismo en muchos aspectos de nuestra vida.


Si esperamos problemas, veremos problemas.
Si esperamos rechazo, encontraremos señales de rechazo.
Si creemos que la vida es difícil, nuestro cerebro buscará continuamente pruebas que confirmen esa creencia.


Pero también sucede lo contrario.
Si empezamos a esperar oportunidades, ayuda, amor, abundancia y sincronías, nuestra atención comenzará a detectar aquello que antes pasaba desapercibido.


No siempre vemos el mundo tal como es.
Muchas veces vemos el mundo a través del filtro de nuestras creencias y expectativas.


Por eso merece la pena preguntarnos:
¿Qué estoy esperando ver en mi vida?


Porque quizá esa respuesta esté influyendo mucho más de lo que imaginamos en la realidad que experimentamos cada día.